(Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, 7 Marzo 1996)

PRESENTACIÓN CONFERENCIA GUILLERMO VÁZQUEZ CONSUEGRA

Una parte de los arquitectos asturianos que acabamos la carrera entre 1975 y 1985 estudiamos en Sevilla.

Los asturianos, salíamos de nuestra casa normalmente entre lluvia y bruma, cruzábamos las montañas y atravesábamos España siguiendo la Ruta de la Plata. Después de muchas horas de viaje, llegábamos a la luminosidad, al calor, al olor a azahar y a la sensualidad del Sur.

Curiosamente, lo único que permanecía igual entre ambos extremos era una cierta voluntad de disfrutar la vida en cierta clave de humor.

Sevilla primero nos sorprendió, luego nos asombró y finalmente acabó por enamorarnos.

La Escuela de Sevilla de aquellos años tenía buenos profesores en las asignaturas técnicas, sin embargo para aprender los aspectos artísticos y humanísticos de la Arquitectura, había que buscarse la vida cada uno por su cuenta.

Afortunadamente para esta tarea, los alumnos interesados en estos asuntos, dispusimos de la complicidad de “los jóvenes arquitectos sevillanos”. A caballo, entre la docencia en la Escuela y la Comisión de Cultura del Colegio de Arquitectos, estos profesores nos permitieron compartir sus intereses arquitectónicos centrados en aquella época en los Five, Stirling, Kahn, Venturi o en los especialmente influyentes para ellos, y de rebote para todos nosotros, Aldo Rossi y Alvaro Siza.

De vez en cuando les llegaba un encargo modesto, en el que interpretaban de modo personal todas aquellas inquietudes poniendo especial cuidado en la tipología y morfología urbana, en el rigor en el trazado de plantas, en el realismo y modestia constructiva, y cuidando de que la luz y el espacio se colará en edificios, casi anónimos para espectadores no iniciados en la cultura arquitectónica.

Sin duda uno de los principales “jóvenes arquitectos sevillanos” era Guillermo Vazquez Consuegra, con quien pude tener una mayor relación debido a mi amistad con su socio de los primeros años, Ignacio de la Peña, compañero de carrera y sin duda mi mejor maestro en mis tiempos de Escuela.

Esta amistad me permitió conocer de forma directa sus primeros trabajos, donde mínimos encargos se convertían en edificios entrañables, mediante la construcción de muros y pilastras de ladrillo, combinadas con pilares exentos, viseras, terrazas y pérgolas. Uniendo todo ello con escaleras y accesos, para producir una riqueza espacial y volumétrica en trabajos inicialmente anodinos. En símiles taurinos, algo así como hacer faena a toros mansos. Por último, gran parte de los detalles, surgían de su aprecio por chapas, pletinas y perfiles, donde Guillermo contaba con la colaboración excepcional de su hermano para hacer realidad los artilugios metálicos, compañeros inseparables de sus proyectos.

Por suerte para todos, Guillermo Vázquez Consuegra ha podido seguir demostrando su excepcional talento arquitectónico en encargos cada vez más importantes, obteniendo el reconocimiento nacional e internacional debido a sus múltiples méritos, que en breve resumen aparecen en el currículum profesional que nos ha enviado el Colegio con el anuncio de esta conferencia.

Sin duda esta charla tendrá un significado especial para los arquitectos asturianos educados en Sevilla, pues al menos para mi, la arquitectura de Guillermo resulta especialmente próxima, inteligible y emocionante, procedente de un mundo creativo en el que me he criado arquitectónicamente... y ya se sabe, lo que se aprende de joven, a parte de ser recordado con especial cariño, suelen ser enseñanzas para toda una vida.

Gijón, 7 marzo 1996