2000/Agosto
Prólogo del libro

MIGUEL GARCIA DE LA CRUZ -ARQUITECTO-(1874-1935)

HECTOR BLANCO GONZALEZ
Editado por FUNDACION ALVARGONZALEZ,

PROLOGO
Confieso que es el primer prólogo de un libro que redacto en mi vida, e inicio la tarea acompañado de un sentimiento y un recuerdo. Sentimiento de agradecimiento a Héctor Blanco por haberme confiado esta labor. Recuerdo de la última novela de Fernando Fernán-Gómez, “La Cruz y el Lirio Dorado”, donde prescindiendo del prólogo, nos hace pasar directamente al texto, advirtiéndonos de que se trata de un preámbulo que denomina capítulo, “... para vencer la aversión de algunos lectores a los proemios, prefacios, prólogos, introducciones o preámbulos...”
Yo no quitaré la palabra prólogo, faltaría más, pero seguiré el ejemplo de D.Fernando e iniciaré el libro con cuatro minicapítulos, confiando que su estrategia sea eficaz para no provocar una animadversión previa de los lectores hacia este magnífico libro.
Los cuatro minicapítulos responden a los mismos apartados en los que se divide el libro de verdad, y me han servido para organizar los recuerdos, ideas y reflexiones que su lectura ha ido sugiriéndome.

CRONOLOGIA DE MIS ENCUENTROS ARQUITECTONICOS CON MIGUEL GARCIA DE LA CRUZ
1971- Coincido en la Escuela de Arquitectura de Sevilla con Manolo García de la Cruz, nieto del arquitecto; en aquella época no tenía ni idea de la existencia de su abuelo. La foto del arquitecto que hay en el libro me ha recordado cierto aire melancólico y nostálgico, habitual en la cara de Manolo.
1978- Acabo la carrera, vuelvo a Gijón y empiezo a levantar la cabeza para ver los edificios de mi ciudad. La lectura del libro de Mari Cruz Morales Saro “Gijón 1890-1920, la arquitectura y su entorno” y mis investigaciones en el Archivo Municipal me convierten en un cotilla arquitectónico. Empiezo a conocer a los padres arquitectónicos de nuestros edificios. Miguel García de la Cruz me atrae especialmente.
1983- Mediante una beca colegial, comienzo en el Archivo Municipal una labor sistemática de investigación de la obra del arquitecto. Mi primera anotación es del día 10 de mayo de 1983, Expediente 42/1902: proyecto de casa en c/Numa Guilhou 5 y 7 para Santiago Díaz Laviada. Después, 60 hojas con anotaciones y la última a la que llego, Expediente 122/1924: proyecto de bohardilla carretera Gijón-Musel Km1,8 para Pablo Suárez Llanos. Mi actividad profesional paraliza la investigación. Me sorprende el volumen de su obra y su calidad; decididamente será mi arquitecto favorito de la época.
1989- Junto con el arquitecto Javier Felgueroso, rehabilito el Asilo Pola, siento cierta emoción al actuar sobre un edificio que constituye una de las primeras actuaciones de Miguel García de la Cruz, colaborando en el proyecto que firma Luis Bellido.
1994- Participo en el Concurso de Ideas convocado por el Colegio de Arquitectos para la rehabilitación de la Casona de la Calle Recoletas, rehabilitada a su vez en los años 20 por el arquitecto. Decido proponer el vaciado del edificio y eliminar gran parte de la actuación de Miguel García de la Cruz. Como desagravio utilizo como lema del concurso, “lo siento, Miguel”. Miguel, desde el más allá, y a través del Jurado del Concurso me hace llegar una respuesta definitiva: “lo siento, Juan” (triunfan los proyectos conservacionistas y quedo clasificado entre el 13 y el 32).
1998- Junto con el arquitecto Javier Hernández Cabezudo, rehabilito el Hotel Asturias. La historia arquitectónica del hotel tiene en los años 20 varios proyectos cruzados de intervención del arquitecto y del maestro de obras Benigno Rodríguez. No entendíamos nada y pensábamos que se trataba de un cliente singular que sustituía a los arquitectos sin ninguna lógica profesional. El libro de Héctor me aclara parte del enigma.

SOBRE EL ARQUITECTO MUNICIPAL MIGUEL GARCIA DE LA CRUZ
La mayor parte del Gijón que conocemos está construido entre los años 1900-1970. En este espacio de tiempo, Gijón tuvo cuatro Arquitectos Municipales y careció de un Planeamiento Urbanístico que llegara a aplicarse de forma efectiva. Esta circunstancia explica que estos arquitectos, que ejercieron su labor de manera individual y con gran autonomía, fueran responsables en gran medida de los resultados arquitectónicos y urbanísticos de su ejercicio como funcionarios públicos.
En orden cronológico, el primero de estos arquitectos es Luis Bellido, quien permanece en el cargo sólo hasta el año 1904. Este hecho, determina que Bellido no tenga una influencia significativa en la política urbanística y arquitectónica municipal,a pesar de su extensa y meritoria producción arquitectónica.
Los otros tres arquitectos serán, Miguel García de la Cruz (1903-1932), José Avelino Díaz y Fernández-Omaña (1932-1958) y Enrique Alvárez Sala (1958-1970)
Hoy en día, con la perspectiva histórica que nos da el alejamiento temporal, con el conocimiento de los estudios realizados sobre nuestro pasado urbanístico y con la libertad de juicio que da el hecho de que los tres arquitectos ya han fallecido, puede afirmarse que los gijoneses tenemos que agradecer a los dos primeros arquitectos gran parte de los valores arquitectónicos y urbanísticos del mejor Gijón que conocemos, y lamentar que el tercero participara activamente -desde una posición de gran responsabilidad y en el periodo de mayor crecimiento- en la construcción de la parte más vulgar y caótica de la ciudad que hemos heredado.
Cierto es, que los contextos sociales en que vivieron los tres arquitectos fueron totalmente diferentes, también que las debilidades humanas se manifiestan en todas las situaciones y que la suspicacia social sobre posibles actuaciones irregulares son una constante de todas las épocas. Sin embargo, la arquitectura y el urbanismo son hechos totalmente transparentes, sujetos a la observación continua de todos los ciudadanos. Nuestra calidad de vida está relacionada directamente con la calidad de ordenación urbanística, los edificios construidos son los que configuran nuestras calles y ya por último, los proyectos arquitectónicos y los expedientes administrativos de tramitación de licencias se guardan en nuestros archivos.
La figura de Miguel García de la Cruz como Arquitecto Municipal - servidor público- se acrecienta con la lectura de este libro y con la comprobación directa del resultado de su labor paseando por nuestra ciudad. La calidad y pasión por su trabajo es exactamente igual cuando actúa como arquitecto privado o municipal y al igual que sucede hoy en día, serán los encargos para edificios públicos los que le den la oportunidad de proyectar algunos de sus mejores y más ambiciosos edificios.
Para el arquitecto de hoy resulta casi agobiante conocer su participación en los trabajos municipales, tanto en el campo del urbanismo o la arquitectura. Trazados urbanísticos, urbanización de espacios públicos, proyectos de infraestructuras, diseños de mobiliario urbano y proyectos de edificios, acompañados en la mayor parte de los casos por la correspondiente dirección de obra, además de los informes técnicos para la concesión de Licencias de Obras Municipales.
La actividad de hoy en día de decenas de funcionarios, concentrada en una sola persona, que fue capaz de mantener en todas sus actuaciones un nivel de calidad profesional ejemplar y un claro compromiso con la Arquitectura.

SOBRE LA ARQUITECTURA DE MIGUEL GARCIA DE LA CRUZ
Comenzaré con un juicio de valor: Miguel García de la Cruz fue muy buen arquitecto, una persona especialmente dotada para ejercer este oficio. Como todos los buenos arquitectos dispuso de la suficiente capacidad intelectual y sensibilidad artística para asimilar las normas que rigen esta disciplina, así como de la intuición y creatividad necesarias para proyectar buenos edificios.
Al margen de las condiciones naturales y la formación académica, el gran reto de todos los arquitectos es lograr construir edificios que satisfagan las aspiraciones colectivas de la sociedad en que trabajan, tanto en sus aspectos funcionales como artísticos. El libro de Héctor Blanco nos permite hacer una valoración precisa de la obra de Miguel García de la Cruz, ya que resulta especialmente clarificador para conocer las circunstancias de los encargos (cliente, uso, emplazamiento, presupuesto, medios constructivos disponibles) y las actitudes de Miguel García de la Cruz respecto a las tendencias artísticas de la época.
El Gijón de 1903, al que se incorpora para trabajar el arquitecto, era una sociedad de principio de siglo, caracterizada por los profundos cambios originados por la industrialización. Una ciudad de tamaño pequeño, con cierto desarrollo industrial y capacidad emprendedora, pero también limitada económicamente. Por eso los encargos que desarrollará Miguel García de la Cruz, son edificios modestos, sin apenas campo de juego para poder experimentar las cualidades espaciales de la arquitectura, salvo en algunos edificios singulares, destinados a equipamientos públicos tales como la Cárcel del Coto, la Casa del Pueblo, la Iglesia de los Jesuitas o el edificio de la Pescadería. El arquitecto, trabajará por tanto habitualmente, en planta y sección con programas que apenas dejaran resquicio para otras inquietudes que aplicar con inteligencia y rigor los conocimientos de su oficio, proyectando construcciones con distribuciones llenas de sensatez funcional y orden geométrico y constructivo.
La “oportunidad artística” de los edificios surgirá habitualmente en el volumen exterior y especialmente, en la composición de las fachadas. Sus preferencias estilísticas, se decantarán siempre hacia las tendencias más modernas que trata de adaptar, con admirable actitud, a las circunstancias de la sociedad en la que vive.
Una primera elección que hace especialmente atractivo al arquitecto, es su apuesta decidida por la estética modernista. Sus años de formación catalana, junto con su viaje por Europa una vez acabada la carrera, le convierten en un admirador de un estilo, que al margen de utilizar algunas códigos estéticos comunes, en Cataluña es asociado con un movimiento de reivindicación de la cultura autóctona. Aunque siempre es difícil aventurar las razones por las que un arquitecto siente determinadas preferencias estéticas, me atrevería a decir que este conocimiento directo de las obras maestras del Modernismo catalán, la conciencia de ser el estilo “más moderno” también en Europa, la posible asociación con los valores autóctonos de la región o país y una afinidad con su sensibilidad artística, fueron razones decisivas en esta elección.
La convicción de esta decisión, se acentúa ante el hecho de que el arquitecto se mantendrá firme a pesar de sus últimos años de carrera en Madrid donde el Modernismo apenas encontrará eco y se desarrollará en todo su esplendor un Eclecticismo con todas las variantes historicistas.
En curiosa complementariedad, su compañero coetáneo, Manuel del Busto, optará por esta elección estilística aplicándola prioritariamente a sus trabajos. Así, aunque la extensa producción de ambos arquitectos, hace que se encuentren proyectos de casi todas las tendencias arquitectónicas, cada uno de ellos elegirá sus propias claves estilísticas donde se moverán con mayor soltura y convicción: Manuel del Busto en la arquitectura historicista y a partir del año 1929, con la incorporación de su hijo Juan Manuel al estudio, en los estilos Art Deco y Racionalista; Miguel García de la Cruz elegirá el Modernismo y posteriormente el Regionalismo como territorios estéticos.
Agotada su experimentación modernista, y sensible a las tendencias del momento, condicionadas por la existencia de la Primera Guerra Mundial, Miguel García de la Cruz inicia su trayectoria Regionalista no ajena, quizás, a su íntima ambición de lograr una arquitectura personal y adaptada a las circunstancias concretas de la ciudad donde pasó toda su vida.
Como nos indica Héctor Blanco, las últimas etapas de su vida profesional se caracterizan por diversas incursiones en el campo del Art-Deco, el Pintoresquismo, o el Racionalismo. Aunque pienso, que su relación más profunda con el Racionalismo, se produce de forma inconsciente en sus proyectos de Casas Baratas, cuyos condicionantes económicos le obligan a producir una arquitectura esencial y desnuda con distribuciones de máximo aprovechamiento funcional y menor superficie. Todos ellos preceptos básicos de la ideología Racionalista.
Miguel García de la Cruz, nos ha dejado a los arquitectos asturianos, muchísimas enseñanzas. Unas de tipo ideológico, caracterizadas por su voluntad de aplicar las tendencias arquitectónicas más modernas que conocía -convenientemente filtradas- a una sociedad más bien provinciana para hacerla progresar también culturalmente. Otras, en edificios concretos , ya que afortunadamente, la mayor parte de los mejores edificios que construyó se conservan entre nosotros, protegidos por la Normativa Urbanística, aunque a veces -en una queja que comparto con Héctor- habiendo sufrido rehabilitaciones o restauraciones que les han privado de gran parte de sus valores arquitectónicos originales. Y ya por último, y quizás la más importante de todas, sobre su actitud profesional, caracterizada por un servicio a la sociedad desde su profesión de arquitecto y un gran amor y pasión hacia su trabajo, reflejado en el hecho de que hasta en los proyectos más humildes o los dibujos más modestos aparece la mano del arquitecto con una apreciable carga de buen gusto.

CONCLUSIONES
La arquitectura de Miguel García de la Cruz y la publicación de este libro sobre su obra, nos producen a la población “playa”, tres razones objetivas para mejorar nuestro nivel de estímulo y autoestima.
La primera de ellas, es saber que Miguel García de la Cruz, dedicó casi la totalidad de su intensa vida profesional a proyectar y construir en Gijón, con una calidad, rigor y modernidad ejemplares, dejando en nuestra ciudad una parte significativa de la mejor arquitectura que aún conservamos.
La segunda, es constatar que Héctor Blanco, ha realizado una investigación modélica sobre este tema, resumida en un libro de gran claridad estructural y conceptual, que nos permite conocer de forma rigurosa y precisa la mayor parte de la producción del arquitecto.
La tercera razón, es el acierto de la Fundación Alvargónzalez, al sentir la necesidad de poner en valor y difundir la obra de Miguel García de la Cruz, financiando a tal fin una beca de investigación, publicando este libro y organizando una exposición sobre la misma.
El resultado de todo este esfuerzo es que la arquitectura de Miguel García de la Cruz se nos hace aún más próxima y atractiva, apeteciendo salir a las calles de nuestra ciudad a disfrutar de ella de forma cómplice y directa, a la vez que se nos proporciona, a los profesionales de la Arquitectura y a la Sociedad en general, un magnífico instrumento para protegerla y rehabilitarla adecuadamente.
Por todo ello, los que amamos Gijón y a la Arquitectura (e incluso confiamos en el futuro de ambos ) a Miguel , a Héctor y a la Fundación Alvargonzález, les estamos profundamente agradecidos.


Gijón, agosto de 2000
Juan González Moriyón